fbpx

Un sábado de paseo por el mercado más conocido de la ciudad puede resultar
el mejor plan si terminás probando alguno de los platos de la propuesta de Diran.

 

 

Diran es un pequeño restaurante armenio ubicado hace doce años en uno de los pasillos internos del Mercado Norte de Córdoba. Si bien tienen una carta bastante completa de comidas  tradicionales árabes (empanadas árabes abiertas con lavan, niños envueltos, kebee labaine, falafel) a mí me gusta ir en busca -y encuentro- del mejor shawarma de la ciudad.

Para los desorientados o aquellos que van por primera vez al mercado, la mejor forma de llegar hasta Diran es ingresando por la puerta de la calle Rivadavia. El aroma de la carne asada del shawarma (finas rebanadas de carne apiladas en forma de cono y asadas en un asador vertical que gira lentamente) atraviesa barbijos con sólo entrar al mercado y te invita a sentar.

Es que la pandemia y sus consecuencias no pudieron derribar a este tradicional recinto. El tesón de quienes los conducen, sobrevivientes y resilientes de guerras que arrastraron durante años a su cultura de origen hicieron que esta situación sea solamente un obstáculo más. Ahora, además, como parte de las modificaciones que se realizaron en el mercado, se puede comer al aire libre en un patio compartido con otros restaurantes del lugar.

Un poco de historia

Diran Arslanian nació en Aleppo, Siria, una ciudad teñida de un clima de violencia generalizado producto de repetidas guerras civiles y de conflictos entre países vecinos.
Entró al servicio militar obligatorio a los 18 años y tuvo que dejar de ayudar en el restaurante de su mamá. Se convirtió en un solado de elite, trabajó en el servicio de inteligencia y fue guardaespaldas de un general hasta que le dieron la baja. Fue convocado nuevamente algunos años después cuando la guerra civil se desató en su propio país, pero decidió irse.
Consiguió el pasaporte por un contacto que tenía en el ejército y en 1980 llegó a Córdoba, animado por un primo que ya vivía en esta ciudad. Se casó y abrió un almacén en la calle Oncativo 366, que luego se transformó en una rotisería y más tarde en un restaurante de cocina criolla.
En 2008, puso su puesto en el Mercado Norte, para regresar así a los sabores y aromas de platos de su infancia.

 

El puesto 120

La cocina se encuentra a la vista de los comensales, ubicada en una pequeña isla en el centro del puesto. Allí vemos al chef sirio con su irreconocible turbante elaborando con entusiasmo sus platos de manera artesanal. Su compañera, Ayda, trabaja codo a codo con él dividiendo su energía y su tiempo entre la mise en place, los pedidos que van llegando desde las distintas mesas y la atención  con una amabilidad desbordante- a cada comensal.

Ir a Diran, sobretodo un sábado, no es para impacientes, hay que anotarse en una lista y estar dispuesto a esperar.
Para ir ganando tiempo pedimos un Lehmeyun (empanada armenia abierta) y una limonada. El tiempo de esa espera y el proceso de preparación a la vista da el inicio al relato de esta experiencia. Porque, como dice Caparrós (en el prólogo del libro Comer con los ojos) “(…) un plato es, primero, una idea: las buenas comidas se gustan desde mucho antes de sentarse a la mesa.”

De la mano del propio Diran Arslanian llega esta empanada abierta acompañada por una berenjena asada en el centro, una salsa de yogurt y la frescura de unas hojas menta recién cosechadas. La menta acompaña también la limonada fresca y algunos otros platos de la carta del lugar. Mientras saboreábamos esta entrada elegimos de la carta un Falafel y un Shawarma grande.

Las torrejas de garbanzo (falafel) llegan envuelta en el pan de pita,
combinadas con una salsa de pasta de sésamo, ensalada tabule, pickles
y la clásica menta.

El shawarma de lomo y cerdo fileteado se sirve envuelto en pan de pita con salsa de pasta se sésamo, labban (yogurt árabe), vegetales y especias de la
región.

Para finalizar no se puede dejar de probar uno de sus postres, en este caso
una dulcísimas baklawas acompañado del café armenio. La sorpresa del almuerzo fue la lectura de la espesa borra del café, a manos del propio Diran, un arte adivinatorio tradicional del pueblo armenio que se basa en la interpretación de las imágenes que se forman con la borra del café para brindar claves para entender el futuro, el presente y el pasado de cada comensal.

Diran es el resultado de la fusión de sabores de Medio Oriente. Tan pequeño como intenso, permite atravesar esta cultura con el aroma de cada especie, la frescura de la materia prima, el ambiente y la calidez de su atención y la dedicación y el esfuerzo puestos en cada plato.

 

 

Conocé cómo llegar a Diran en la sección Foodtrip.

 

Compartí este artículo  

6 comentarios

  1. Yo probé las empanadas árabes con la salsa de menta y el sawarma muy rico y eso fue hace 5 años me alegro que siga así se puede variar un poco en el comer sigan asi

    1. Hola Claudio, gracias por tu comentario 🙂 el shawarma es para mi el mejor de Córdoba. Te recomiendo la próxima que vayas que pruebes el falafel. Saludos!

  2. El mejor lugar de Córdoba para comer comida árabe. No solo por los sabores si no también por le hermosa familia que nos atiende como si fuéramos parte de ellos. Las charlas con Diran y lo que cuenta de su vida es viajar hasta su ciudad… Una experiencia inigualable conformada con historias y sabores.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *