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Allí donde hace cuarenta y dos años había un terreno baldío Roberto Gabriel Pontieri, argentino, hijo de inmigrantes italianos, vio una oportunidad. El tiempo pasó y La Calera se expandió. La oportunidad se volvió un deseo, luego un proyecto y más tarde una realidad. Los hermanos Rafael y Roberto, hijos de Roberto Gabriel, pusieron manos a la obra y hoy disfrutan de los frutos de su bodegón La Mundial.

“En abril del 2015 arrancamos con el proyecto de obra sobre un terreno que había comprado mi padre, justo frente al horno de cal en el cual trabajaba. Calera tuvo un crecimiento demográfico increíble y el terreno quedó en la puerta de ingreso a las Sierras Chicas. Nos llevó más de dos años y medio la construcción de la obra, porque todo se hacía a pulmón. Así llegamos arañando hasta que pudimos plasmar la idea que teníamos de bodegón en noviembre de 2018 cuando abrimos las puertas. Mis abuelos maternos hicieron base en La Calera y se dedicaron a la cantera, eran picapedreros, después pusieron el ramos generales, después la sodería. Si bien no hemos tenido restaurante, sí hemos estado vinculados al comercio relacionado a la gastronomía“.

El concepto Bodegón se les apareció junto a las ganas de crear algo, de darle un sentido a este proyecto y de homenajear a sus antepasados.

“Desde el inicio la idea era plasmar el concepto de bodegón, de familia, de volver el tiempo atrás, hacer la comida de la abuela, la mesa de charlas largas, sobremesas. Hemos tenido hermosas experiencias de clientes que han venido y nos han dicho esto me hace volver el tiempo atrás, recuerdo el almacén del pueblo en el que yo vivía. Les va rememorando toda esa linda historia que tenemos desde que nacimos. Esa es la idea del bodegón, que sea cultural, de amigos y de familia”.

Desde su arquitectura La Mundial recrea varios conceptos: el de bodegón, el de almacén de ramos generales, el de pulpería, el de museo. Basta con ingresar al edificio para descubrir sus techos altos con vigas de madera que lo atraviesan, una enorme barra con estanterías repleta de vermut, lámparas de chapa, pisos alisados en cemento, mesas distribuidas por todo el salón y paredes de ladrillo a la vista, forradas de reliquias: una bicicleta antigua, piezas oxidadas de marcas de aperitivos, una colección encuadradas de Caras y Caretas. A un costado, un sector privado con camisetas de jugadores de clubes famosos de fútbol y trofeos de la Fórmula 1. Afuera, una galería que bordea el salón con más mesas. Podemos pasar horas mirando cada detalle y descubriendo las historias que alojan. Visitar la Mundial es viajar en un túnel del tiempo.

“Tuvimos la suerte de encontrar un arquitecto loco, más loco que nosotros que entendía y vivía el diseño como propio porque lo sentía como su casa. Estaba fascinado con el proyecto y lo plasmó tal cual. Con mi hermano siempre decimos que cerramos los ojos y los abrimos y fue tal cual lo veíamos en nuestros sueños. Eso es doble valor de satisfactorio. La construcción es nueva pero se han usado muchos materiales reciclados. Tenemos sillas de 120 años, columna principal de hierro fundido del año 1904, la barra mostrador con maderas de 1900, la decoración también relacionada de esa época, la época de los inmigrantes, la época de la conjugación de diseño y gusto de acuerdo a la raíz de cada uno, de su país, de raíces libanesas, árabes, españolas, italianas. Todo está reflejado acá adentro, cualquier familia que venga descendiente de inmigrantes se va a sentir a gusto porque se va a encontrar con algo que le va a recordar a su infancia”.

El vermut como bandera

Un casi obligado al sentarse en La Mundial es degustar alguna de sus variedades de vermút. Desde el inicio, se han ido acercando a todas las marcas tradicionales que tienen el concepto bodegón. Trabajan así con café FM, uno de los cafés más antiguos de Córdoba, y Cinzano, que apostó desde siempre a este proyecto y hoy son un punto central de su comercialización. “Cuando nosotros citamos a Cinzano todavía eramos una obra en construcción, pero nos vieron tan focalizados y con la idea tan bien puesta que decidieron acompañarnos con acuerdos comerciales y hoy somos un punto Cinzano. Este es de los pocos bodegones Cinzano que hay en el país. Hacemos eventos para todo el mundo, desde un tributo a alguna banda de rock fusionado con el público que viene a comer, o eventos de tango donde vas a ver gente joven escuchando, también humor o cuarteto, respetando la tradición cordobesa. Tratamos de que esto sea un extracto de la Córdoba antigua y la Nueva Córdoba”.

¿Qué comemos?

Como todo bodegón, el concepto gastronómico que persigue es la comida casera, la que nos hacían nuestras abuelas, hecha en el momento, abundante y bien servida. En nuestra visita probamos dos tipos de milanesas: la milanesa oreja de elefante (milaneson, cibulette, jamón crudo, y dos huevos a caballo (dos!)y la milanesa Campeona: salsa del Cholo (Cardozo, ex Rancho Grande, su cocinero estrella), rúcula, papas españolas.

Otra parte del equipo de comensales fue con la lasagna: una de 4 quesos (sugerencia del mozo) y otra con hongos.

“La vedette del lugar es la pasta, a manos de Cholo Cardozo, que fue jefe de cocina en Rancho Grande, y al cerrar vino a trabajar aca. Es quien nos hace lucir con su calidad en pastas: sorrentinos, lasagna, canelones, tallarines, ñoquis. Todo artesanal, sin químicos, todo casero. Y además de servir en el restaurante vendemos en la tienda vinculada al local, donde podes llevar la pasta fresca ̈.

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