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Mendoza, el paraíso existe

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Con el marco de la cordillera en cada fondo y los viñedos rodeando la montaña hoy te presento un destino ideal para un fin de semana largo. Degustaciones, bodegas, cocina de autor, tapas y una propuesta infinita resumida en tres días.

Mendoza aloja más de 800 bodegas, desde las más pequeñas hasta las faraónicas. La mayoría de ellas (hoy con una fuerte pata en el enoturismo) ofrecen, además de degustaciones, interesantes propuestas gastronómicas. Además, en el centro de la ciudad encontraremos varias joyitas más. Para organizarme, tracé una ruta de recorrido con algunas impresiones. Es importante tener en cuenta las distancias y, por supuesto, el bolsillo.

La sala de maridajes

Ubicado en la ciudad de Mendoza (en la avenida Perú, a metros de la avenida Belgrano) un lugar pequeño y acogedor (con patio y terraza) para degustar distintos tipos de vinos mendocinos o probar algunos platos individuales. Tienen una opción degustación (con tapas pequeñas que acompañan cada copa) que sale alrededor de $4000 por persona. Éramos dos y teníamos hambre así que decidimos ir por la carta: de entrada un camembert asado con hojas verdes y una mermelada de la casa y dos sándwiches (uno teriyaki y una hamburguesa con provolone). Eso más cuatro copas de vino: 7 mil pesos (no vamos a decir que Mendoza es particularmente barata).

Casa Agostino

En Maipú (a 40 kilómetros del centro Mendoza) Casa Agostino es una bodega fundada por cuatro hermanos de origen italiano: Vincenzo, Rosalía, Sebastián y Miguel. Mendoza siempre representó para ellos la tierra de la infancia (luego se mudaron a Canadá). Así fue que, en 2003, decidieron radicar su proyecto en tierras mendocinas.
El estilo es bastante moderno y grandilocuente: una capacidad de elaboración de 3.000.000 de litros (se considera una bodega mediana), tanques de acero inoxidables, piletas de cemento subterráneas. La visita guiada duró aproximadamente una hora mientras recorrimos parte de la bodega, la cava y la colección privada de los dueños. Aprendimos palabras nuevas como el terroir (mezcla de clima y suelo, el 80% del vino) y grados brix (unidad de medida del azúcar en el proceso de fermentación del vino).
Luego, en una galería y a la sombra de una vid (había que decirlo para denotar todo lo coqueto que era) servían el almuerzo de miles de pasos y fue realmente una sorpresa. Un homenaje a la comida Argentino-Italiana con verduras de su propia huerta (el sabor de ese tomate asado!), focaccia (perfecta!), caracú a la gremolata (viaje directo a la infancia). Y seguían llegando: aceitunas fritas, carpaccio de ojo de bife, cavatelli caseros. El principal: milanesa de ojo de bife y, si te quedaba lugar para el postre, (siempre hay lugar!) pionono casero relleno de crema pastelera con frutas asadas, nueces fritas y dulce de leche casero (suspiro!). Ah, y ante cada entrada una copa de vino distinta (y la generosidad de llenarla apenas te la veían vacía).
Dicen que a la gente se la conquista por el estómago y quizá es por eso que hoy le pongo cinco estrellas a Casa Agostino.

Casa Vigil

Llegamos a Casa Vigil sin reserva. Se había agotado dos semanas antes pero hicimos el intento de, aunque sea, conocer el viñedo. Pensamos que nos iban a bochar de entrada y no solo que nos dejaron entrar: inmediatamente nos invitaron una copa de vino, luego otra y luego unas empanadas caseras. Más al fondo del terreno, otra galería con más mesas, esta vez de la gente que había contratado el menú de pasos. Al costado, un despliegue de árboles frutales y una pequeña huerta.
Inspirada en La Divina Comedia esta bodega familiar que mixtura el arte local, el entorno natural y la vida en familia se ha convertido en líder absoluta en experiencias del mundo del vino, un mundo fantástico entre el infierno, el purgatorio y el paraíso.

Viamonte

Mucha expectativa. Una bodega pequeña, más bien artesanal en Chacra de Coria. Una vista transparente a la montaña. Un paso express a la bodega y luego la cata. Un total de seis copas y el placer de ir descubrieron gradualmente cada intensidad del vino. Pero nada más. Pedimos una tabla de quesos y dos copas (se nos calentó el pico!) y pagamos un precio un poco excesivo (para nuestros bolsillos). Los vinos eran muy buenos y el lugar amable pero nos faltó un poco más de tiempo o exploración.

La Central Vermutería

Para descansar un poco del vino esta es una excelente vermutería para aterrizar. Ubicada sobre la Av. Bartolomé Mitre ofrecen marcas de vermut artesanal y una carta con tapas bien variada. Fuimos por las aceitunas griegas, una burrata con aceite de oliva, sal y pimienta (a veces no hace falta tanto condimento) y un huumus de verano (de arvejas con tomatitos y pepinos encurtidos).

Brod Bakery

Para un brunch (si el turno de la bodega es por la tarde) este coqueto lugar ubicado en calle Chile 894 (tiene varias sucursales más) ofrece brunch completos (huevo, tostones de masa madre, bowls de yogurt con frutas, tortas, sandwiches y muchos otros etc). Todo delicioso y bien hecho!

Dante Soppelsa

Ubicada en la calle Lavalle 24, una heladería que por fuera no dice mucho pero que por dentro es un mundo de sabores exóticos y una atención exquisita. La familia Soppelsa arrancó con esta tradición heladera en el año 1927: Guerino fue la primera generación, Ernesto la segunda y Dante, el padre de Flavio, la tercera 3ra generación. No hay que confundir esta heladería con el resto que también lleva el mismo nombre: Soppelsa helados o Soppelsa Hermanos. Hay que ir en busca de Dante Soppelsa.

Sabores exóticos como Chai Latte, Grilled Banana y Coconut, Cúrcuma y Mango, Matcha Lime Sorbet, pasando por otros más clásicos como crema de higos y nueces, Mascarpone, Tramontana hasta llegar a combinaciones de sabores como el limón o el chocolate con aceite de oliva.

 

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